jueves, 16 de abril de 2015

Machurro



Loor a la Inteligencia y a las Buenas Costumbres, a la razón de lo que anda Derecho; pido, al comenzar esta empresa, sujeto firmemente el cálamo que habrá de danzar sobre el papel, que me patrocine y me acoja la Musa de lo alto e inmediatamente dicho con justicia Sublime. Loor a lo que está más alto, loor, así sea, pues suceden a veces hechos asombrosos, que nos impresionan fuertemente por su grandeza, por su interés pintoresco, por su gracia, por su importancia. A la clase de tales hechos pertenece mi descubrimiento, en parte casual, si hay algo que lo sea: de la copiosa y fragmentaria obra escrita por el doctor Oswald (pron W alemana) Machurro. El lector curioso podrá hallar en las librerías de lance y en las selectas bibliotecas de los clubes de más tronío las monografías Tractatus de Patafísica (Reaumur, 1891) y Pesquisas detectivescas (Ed Patán, 1902) publicadas bajo el seudónimo de Acteón el Griego. El solo dato del seudónimo utilizado, que muestra y se oculta a un tiempo, debiera llevar a cualquiera a buscar, tras ésas dos obritas, puras maravillas del campo de la teología moral, a un genio oculto. A un gran hombre. El lector curioso podrá, asimismo, hallar, en los números 20.212 y 27.040 de la revista Anales de lo Sublime, publicada por Perrichot, correspondientes a agosto de 1882 y noviembre de 1890, sendos artículos que, bajo la firma, sumo en sazón, maravilloso juego de palabras, me atrevería a decir- tratan con repetida y certera saña epistemológica el complicado problema del asesinato no resuelto de Beerfs(1). Sobre el cual el lector podrá documentarse ampliamente en GASTON, Lucques, Criminalidad, por un seguidor de Lombroso. Etarpes, Lyon, 1877, págs: 150-210.
Hasta aquí lo que, sin esfuerzo, el lector curioso, aunque profano, puede degustar de entre la vasta producción de Oswald Machurro. El conocedor puede conocer algo más. De hecho, con sólo consultar las actas del Club de lo Sublime, entidad promotora de todas ésas publicaciones, aparecen claramente repetidas menciones a las colaboraciones del Meur Machurro, con el correspondiente seudónimo utilizado. El conocedor, además, habrá podido saber, de este gran hombre, lo que mencionan en sus memorias otros dos grandes hombres, el Doctor Paterne Wagner y Bonprofit Tingueu à Taula. En estas obras aparecen breves reseñas de nuestro hombre, pero certeras. ¿Quién es éste genio más grande que he conocido nunca (Wagner, Memorias,Tomo 4, pag.3050-3051) y éste más grande talento de su generación en toda esta provincia (Tingueu à Taula, Memorias, pag.30) Sabemos que Oswald Machurro fue miembro de L´Acadèmie, del mismo modo que los distinguidos Wagner y Tingueu à Taula. En varios documentos aparece como M. Machurro, Philosophant de L´Acadèmie. Nuestro hombre ante nuestros ojos, con su propio nombre y honrosos atributos.
Mi contacto con la obra de Oswald Machurro fue, en parte, debida a mi trabajo de genealogía y censo de Grandes Hombres de esta Provincia, tarea para la cual estuve becado en años pasados por el gobierno. Todos los Grandes Hombres han sido de L´Acadèmie, y aún me atrevería a decir que del Club de Lo Sublime, pues es bien cierto, como dicen los más grandes sabios, que los estudios pasaron de Atenas a París, y de París a L´Acadèmie. Estamos en presencia de los sucesores directos de Aristóteles, Platón y Robespierre. Había compilado copiosamente a Hugues Compagnon (1810-1860) primer presidente de la reconstituída Acadèmie, y a Francisco Buturút (1780-1853) para lo cual hube de acceder a los enormes archivos de l´ Acadèmie.
¿Cómo expresar la ingente belleza de los jardines posteriores de l´Acadèmie en otoño?. Quien, como yo, ha tenido el inmenso privilegio de cruzarlos, la cartera apretada bajo el brazo después de bajar del coche, envuelto en los perfumes y las gradaciones de la luminosidad de la tarde, en dirección a la entrada del archivo, ornada con dos graciosos colosos seudoegipcios, sabe a qué me refiero. De los jardines de l´Acadèmie, y perdóneseme la digresión, ha dicho Alain de Boutourouille, Cronista oficial y poeta: oh, vosotros, cerezos de los jardines de L´Acadèmie, cómo os amo! ¿Es posible una mejor comunicación del privilegiado entorno donde llevé a cabo mi pesquisitiva tarea? Tantas tardes de ésos tres otoños en que, casi a diario, andaba mi camino hasta el archivo de manuscritos de l´Acadèmie. Atravesar el jardín, llegar hasta la puerta-es de bronce verdoso-llamar con el llamador. Aparece el ujier, el inefable Gastón, calvo, gordo y seco a la vez, con uniforme parecido al de un embajador, digno en todo, noblemete servil, pues hay servilismos que ennoblecen con sus grandes patillas. Los gestos que se reconocen, las inclinaciones de cabeza. Dejar en sus manos el sombrero y el gabán, se le sigue a través del hall neoclásico bañado en raudales de tenue luminosidad, las dos grandes salas de lectura desiertas, le sigues tras la primera esquina, un largo pasillo enmoquetado venerable. Al final, el ruido de la llave, y se abre, se abre la puerta del archivo propiamente dicho.
Agradeces con un mundano gesto al ujier y éste se retira y cierra la puerta tras de sí. La biblioteca de manuscritos. Los grandes ventanales, bañando las estanterías de folios y más folios en carpetas o encuadernados. Cubiertas de cuero granate, cuartillas rápidamente garrapateadas con pluma estilográfica. ¡Ahí están todos los manuscritos de todos los Grandes de l´Acadèmie!. Perdóneseme, perdóneseme la digresión y el entusiasmo.
Como dije, ya había compilado a varios de los grandes hombres conocidos, cuando, tras un estante corredero, hallé lo que, en principio, creí eran libretas de cuentas y gastos de la misma institución, sucesivos cuadernos azul oscuro. Miré mejor: todo un largo estante aparecía repleto de montones de cuadernos de aspecto semejante. Cuando hube evaluado, varios días más tarde, mi descubrimiento-tal material no constaba en el catálogo-contabilicé el siguiente lote: trescientos cuadernos de unas cien páginas cada uno, apilados, tres cajas conteniendo quince mil folios de apretada letra, y tres rollos de diez metros, de papel de envolver, escritos al modo de los libros antiguos. La obra de Oswald Machurro como se especificaba en el primer cuaderno del lote que me cayó en las manos. En éste, una hojilla estampillada en la elegante caligrafía de Machurro, propia de un genio, como demostró Monsieur Carpentrás el año pasado en su ensayo publicado por Güebóts: la palabra: catálogo. El primer cuaderno era un catálogo razonado de su obra. No obstante, según he podido llegar a concluír años después, no hay en su obra plan alguno, y su principal característica es el fragmentarismo y la pluralidad de intereses y temas. Enciclopedia azarosa, se leía en la primera página del cuaderno. La obra de un genio olvidado.
Pero, ¿Era ésta toda la obra de Oswald Machurro? No podía responder a ésa pregunta. No hallé más entre el babel de manuscritos. Revisarlos uno a uno, desconfiando del catálogo del archivo, hubiera sido excesiva tarea para un hombre solo. Encomendé la tarea al archivero oficial y a su equipo, que la completó el siguiente semestre. Conclusión: no había nada má, había estado trabajando en períodos de vacaciones-otoño-en mi tarea pesquisitoria, gracias a las ayudas estatales, dedicando el resto del año a atender mi carnicería y a la redacción de mis colaboraciones gastronómicas, que tal vez el curioso lector conozca, que entonces apenas comenzaban. Gracias al apoyo del presidente de l´Acadèmie, el jurista Jürgen Vogel, que me asignó una beca quinquenal generosa, pude dedicarme, durante los siguientes años, a clasificar, estudiar, comprender y preparar para la imprenta-surgió un proyecto de publicación de la Opera Omnia de Oswald Machurro por De Gléss, a instancias de l´Académie-del lote. Han sido años espléndidos, que ahora he de culminar presentando éste primer volumen, cuyos textos he clasificado ateniéndome en lo posible a la clasificación, incompleta,de Oswald Machurro. La obra de Machurro abarca el Saber todo, por lo que he dividido su obra en los siguientes apartados: Teoría teórica, Teoría práctica, Praxis teórica, Praxis práctica, Discursos, Exhortaciones, Diarios y Sueltos. El núcleo del pensamiento de Machurro lo constituye su ahora famosa teoría del ocasionalismo de las causas segundas y de las causas cuartas, divulgada recientemente por el Dr Brochard en su artículo en Cahiers de Patriotisme, en la que se revela el metafísico más genial de esta provincia, cuya especulación le permite explicar los fenómenos metapsíquicos conciliándolos con las más modernas teorías físicas sobre el éter y las ondas eléctricas, dejando muy atrás los posteriores relativismos y matemáticas no-euclidianas en aras de un heróico neoaristotelismo espiritualista (con gran ventaja para la demostración puramente teológica de la existencia del alma y de Dios, como axioma científico) Su doctrina está expuesta en su Obra Magna, cuyos manuscritos originales se encontraron en forma de tres tambores de diez metros de papel de estraza, enrollados. Y su periferia temática la constituye la detallada anotación de sus casos como detective privado, durante cerca de treinta años. Los cuadernos azules. Más externas son sus varias y plurales monografías sobre patafísica, radiestesia, astrología, mineralogía, estética y espiritismo, entre otras.
El caso más famoso, intitulado: un caso extraordinario, es el que publicamos aquí, en la versión más completa. La especulación de Machurro es atrevida y, si nos atenemos a su relato, éste constituye una prueba fehaciente de los viajes en el tiempo. Un prestigio y una sabiduría como las de Oswald Machurro debieran desarmar cualquier intento de dudar de sus afirmaciones, cualquier intento crítico, pero no, han aparecido varias monografías, cuyos redactores-me resisto a llamarlos autores-se han atrevido a poner en solfa el genio especulativo de Oswald Machurro. Yo, señores, yo: me atrevo a decir ¡Una experiencia de más de quince años me ha hecho comprender el valor irrefutable de la obra de Machurro! Es por sí sola, una confirmación de las más atrevidas teorías. Aquí hallan puerto las especulaciones más fantasiosas, despojadas de toda ficción, aquí y sólo aquí se llega al más venturoso parto de verdades que se ha visto desde los tiempos de Heribert Zolesque. Despejaré este Proemio de toda polémica para sumirme en la contemplación alborozada del gozo que me causa poder presentar, al fin, ante el Gran y Pequeño Público, éste primer volumen de los escritos de Oswald Machurro.
Mas es forzoso, aunque mi modestia me lo, casi, impide, mencionar mi obra de investigación y aportación, injustamente difamada por ciertos escritorzuelos sin hálito. La investigación en los archivos de la revista Anales de Lo Sublime, buscando autógrafos o manuscritos de Machurro, la diligente búsqueda en las imprentas que funcionaban en la época, mi registro y exploración de la casa donde Oswald Machurro vivió tantos años, las entrevistas a sus familiares, compilar su documentación familiar y personal completa, su correspondencia, y, en fin: el hallazgo del segundo lote de manuscritos-tres mil cuartillas-entre el legado del Abate Extraordinaire, son todos méritos y logros que pueden atribuírseme sin faltar a la verdad.
El pálido Machurro público se completa y vuelve a completar con nuevas aportaciones: la trama se reconstituye. Se nos restituye al completo Oswald Machurro, junto con su inseparable amigo y ayudante el Abate Extraordinaire, y con ello se nos enriquece. Nos enriquecemos. La mente lúcida de Machurro brilla en medio de la general mediocridad, y su rigurosa y elevada moral le hace una extraña presencia entre los mortales; su instinto de investigación dilettante-¡pero qué dilettante!-lo lleva a las intrigas más peligrosas y a los problemas más abstrusos, nada se resiste a su desinteresada erudición, sagacidad, penetración psicológica, lógica y moral. Un mundo, sí, todo un mundo que se nos abre al acceder a sus escritos. Machurro en la guerra, heróico soldado anónimo; Machurro joven juicioso, Machgurro humorista, Machurro literato, Machurro polemista privado y público pero discreto; Machurro filósofo atrevido, patafísico y parapsicólogo aficionado. Un Machurro Obra. Pero ¿Y el hombre? ¿Y Machurro-hombre? Machurro, pleno, como se nos muestra en sus Diarios ¡Qué penetración, qué autoconocimiento, qué intelecto preclaro y qué psicología magistral! Y sin perder jamás la Compostura y la Decencia. Y el Abate Extraordinaire, cuyas Obras, mucho más reducidas, habían sido publicadas por Tourtelet ya en 1911: el discípulo digno, el seguidor fiel, el, si me está permitido decirlo, epicúreo irredento y sacerdote irreprochable, el escritor sardónico y sagaz.
El problema de las interrelaciones y de las influencias queda sin resolver, y no seré yo quien intente imponer resultados prematuros. Se requiere un análisis crítico razonado de las dos Obras respectivas, de la correspondencia. Así y sólo así podrá llegarse a resultados ciertos. He aquí una obra de exégeta minucioso. Una de las tareas mayores de la crítica de nuestro tiempo, que propongo desde este Proemio a quien quiera recoger el guante y emprenderla. Rechazo, sí, rechazo firmemente, toda sugerencia o insinuación de relaciones dudosas entre Oswald Machurro y su amigo el Abate Extraordinaire ¡Es indigno de un verdadero intelectual bajar a la altura de quienes propalan tales rumores! Baste decir que una personalidad esencialmente sana como la de Machurro, no pudo nunca caer en el vicio, y menos aún, en ése horrible pecado. Ante tales infundios sólo queda firmar y volver a firmar propuestas para que la Decencia se restablezca para siempre y vuelva a funcionar la guillotina. Dios lo quiera.
Pero antes de llegar al final de este brevísimo Proemio, quisiera hacer patente-por si no quedase claro-que: Rechazo toda posibilidad de que los escritos autobiográficos de Machurro, en la medida en que lo sean los relatos de sus casos, sean ficciones, como han dicho algunos. Sostengo firmemente que Machurro es el más grande metafísico de este siglo, de esta provincia. Sostengo que la amistad entre Oswald Machurro y su fiel Extraordinaire fue limpia, sin atisno alguno de inmoralidad, y sostengo que mi descubrimiento de la Obra de Oswald Machurro es uno de los mayores eventos filosóficos y literarios de ésta parte del siglo. Sólo agradecer a quienes me han ayudado que me hayan ayudado, y reprochar a los que me han puesto trabas, que me hayan puesto trabas. Es patente que desdeño tomar en cuenta a mis detractores ¡Y a los detractores de Machurro! al presentar, en el primer volumen de los escritos de Machurro, el caso más polémico de entre los suyos, por fin fijado en su definitiva versión, y dos escritos autobiográficos: uno, primerizo ¡Pero nada en Machurro es primerizo! del propio Machurro, y otro del Abate Extraordinaire, fragmentario pero de gran valor. No me anima el espíritu de polémica, como he dicho y como creo haber dejado bien sentado: es la sencilla razón del restablecimiento de la Justicia. Y esto lo digo con la ironía respecto de todos los detractores ociosos, de quien sabe y ha visto. Ya estoy por encima, intocable, Explicador del Filósofo, cuya biografía completa y verídica preparo, navegando con mano segura en el mar de las perfidias. Como ha dicho Alain de Boutourouille: Se extravíen otros por caminos errados mas yo, por mucho que quisiera, destinado estoy a lo alto, soy carne de lo alto, no caeré nunca en el barro
Comienza el Gran Ciclo Espill de la Vida Mundana, espejo de las costumbres, de los motivos, de los actos, de los hechos y los dichos de las gentes que vanamente se devanan los sesos y estremecen sus carnes en la consecución de triunfos sórdidos, de espaldas a la Voluntad de Dios. Comienza mi tarea ¡Ardua tarea!, de trazar letras y frases, de volver una y otra página rellena de renglones que dicen, para mostrar, decir y demostrar las vanas cuitas y las perfidias de la Vida Mundana, tan distinta de la verdadera vía de contemplación, mansedumbre, caridad y paz de espíritu. Afánanse vanamente las gentes, yendo y viniendo, haciendo, diciendo y deshaciendo, mientras que el sabio, ideal de este anónimo pecador que escribe, alza sus ojos y contempla lo Verdadero, piensa lo inefable por la Gracia, hila y retahíla lo que se muestra en el silencio, alejado de los afanes, en el ser de las cosas. Porque son verdaderamente oscuros los tiempos, y he aquí una profecía para el futuro: volverá, al margen de la aceleración, a acumularse el saber, y uno lo transmitirá a otro, y uno compendiará lo que recibió, y eso será Sabiduría, no expurgada, desde luego, de los errores, pues ¿Quién sino Dios está libre de errores? y el saber ficticio se consumirá en sus fantasmagorías, y volverá la obra de uno y la veneración del que viene detrás, a compilar Sumas de Saber y alta Doctrina.
Porque es en verdad grande mi empeño y mi motivo, rescatar, fijar y afincar las visiones, las historias, y las teorías, el Saber, y es en verdad grande mi autoridad para hacerlo. Grande será, pues, mi obra, pero si fracaso, otros, a buen seguro, recojerán el confalón, digna enseña del futuro, que enarbolo hoy dura pero mansamente. Restaurar el barbecho del Saber. Y vuelvo a preguntarme: ¿Será el basurero el fin de todo esto? y también: ¿Será el manicomio mi morada en el futuro? ¡Quiá!. Si así es, a lo hecho, pecho; yo hice cuanto pude, no habrá sido en vano. Reconozco el número de mis enemigos, pero hay que comenzar. A cada palabra de sonoro hierro, muchas envidias y malquerencias despertaré. Es la Voluntad de Dios. Pero mi doctrina, la que se desprenderá del compendio de este Espill, y la que habré escrito en este Espill, salvará al mundo, es la única capaz. Este mi retiro, es mi Castillo, mi atalaya donde, avizor, no quito ojo de cuanto sucede, ya pueden alzarse cuanto quieran los pisos sobre mi cabeza. Álcense, álcense, no me achican. Como los antiguos profetas, mi autoridad es más del futuro que del presente. Futuras generaciones comprenderán.

Danzan el rico y el pobre en apretado tropel, quieto y movible, danzan la mujer y el hombre, danzan el niño y el viejo, el basurero, el policía, el gamberro, el cristiano y el pagano, el terrorista, el muslime y el rojo-de-barbas, el anarquista y el ama de casa, el choricero y el pescatero. Danzan trabados el médico y sus víctimas, el asesino y el asesinado, el obligado y el obligante, danzan Europa, Asia, Africa y Oceanía, danzan América y los polos-y sus vestidos son suntuosos, mas no por ello se salvarán!. Danzan Rusia y América, los malteses y los lituanos, los negricongos y los gitanos, los quinquis y el que da el agua bendita, y danzan trabados con espantosos esqueletos: esto es una profecía y una descripción objetiva. Es mi Sueño y mi Pronóstico: lo que da el almanaque. Corren en tromba hacia la tumba fría, los electrodomésticos se amontonan en pirámides altas como rascacielos y torres. Todos van hacia la muerte, nadie detiene su carrera, así es y así será. Sólo el sabio detiene la carrera, pero por poco tiempo, en el ejercicio sin tiempo de la conciencia. Justa Fama y Fortuna a quien resuelva este enigma.

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