Loor a la Inteligencia y a las Buenas Costumbres, a la razón de lo que
anda Derecho; pido, al comenzar esta empresa, sujeto firmemente el cálamo que
habrá de danzar sobre el papel, que me patrocine y me acoja la Musa de lo alto
e inmediatamente dicho con justicia Sublime. Loor a lo que está más alto, loor,
así sea, pues suceden a veces hechos asombrosos, que nos impresionan
fuertemente por su grandeza, por su interés pintoresco, por su gracia, por su
importancia. A la clase de tales hechos pertenece mi descubrimiento, en parte
casual, si hay algo que lo sea: de la copiosa y fragmentaria obra escrita por
el doctor Oswald (pron W alemana) Machurro. El lector curioso podrá hallar en
las librerías de lance y en las selectas bibliotecas de los clubes de más
tronío las monografías Tractatus de Patafísica (Reaumur, 1891) y Pesquisas
detectivescas (Ed Patán, 1902) publicadas bajo el seudónimo de Acteón el
Griego. El solo dato del seudónimo utilizado, que muestra y se oculta a un
tiempo, debiera llevar a cualquiera a buscar, tras ésas dos obritas, puras
maravillas del campo de la teología moral, a un genio oculto. A un gran hombre.
El lector curioso podrá, asimismo, hallar, en los números 20.212 y 27.040 de la
revista Anales de lo Sublime, publicada por Perrichot, correspondientes a
agosto de 1882 y noviembre de 1890, sendos artículos que, bajo la firma, sumo
en sazón, maravilloso juego de palabras, me atrevería a decir- tratan con
repetida y certera saña epistemológica el complicado problema del asesinato no
resuelto de Beerfs(1). Sobre el cual el lector podrá documentarse ampliamente
en GASTON, Lucques, Criminalidad, por un seguidor de Lombroso. Etarpes, Lyon,
1877, págs: 150-210.
Hasta aquí lo que, sin esfuerzo, el lector curioso, aunque profano,
puede degustar de entre la vasta producción de Oswald Machurro. El conocedor
puede conocer algo más. De hecho, con sólo consultar las actas del Club de lo
Sublime, entidad promotora de todas ésas publicaciones, aparecen claramente
repetidas menciones a las colaboraciones del Meur Machurro, con el
correspondiente seudónimo utilizado. El conocedor, además, habrá podido saber,
de este gran hombre, lo que mencionan en sus memorias otros dos grandes
hombres, el Doctor Paterne Wagner y Bonprofit Tingueu à Taula. En estas obras
aparecen breves reseñas de nuestro hombre, pero certeras. ¿Quién es éste genio
más grande que he conocido nunca (Wagner, Memorias,Tomo 4, pag.3050-3051) y
éste más grande talento de su generación en toda esta provincia (Tingueu à
Taula, Memorias, pag.30) Sabemos que Oswald Machurro fue miembro de L´Acadèmie,
del mismo modo que los distinguidos Wagner y Tingueu à Taula. En varios
documentos aparece como M. Machurro, Philosophant de L´Acadèmie. Nuestro hombre
ante nuestros ojos, con su propio nombre y honrosos atributos.
Mi contacto con la obra de Oswald Machurro fue, en parte, debida a mi
trabajo de genealogía y censo de Grandes Hombres de esta Provincia, tarea para
la cual estuve becado en años pasados por el gobierno. Todos los Grandes
Hombres han sido de L´Acadèmie, y aún me atrevería a decir que del Club de Lo
Sublime, pues es bien cierto, como dicen los más grandes sabios, que los
estudios pasaron de Atenas a París, y de París a L´Acadèmie. Estamos en
presencia de los sucesores directos de Aristóteles, Platón y Robespierre. Había
compilado copiosamente a Hugues Compagnon (1810-1860) primer presidente de la
reconstituída Acadèmie, y a Francisco Buturút (1780-1853) para lo cual hube de
acceder a los enormes archivos de l´ Acadèmie.
¿Cómo expresar la ingente belleza de los jardines posteriores de
l´Acadèmie en otoño?. Quien, como yo, ha tenido el inmenso privilegio de
cruzarlos, la cartera apretada bajo el brazo después de bajar del coche,
envuelto en los perfumes y las gradaciones de la luminosidad de la tarde, en
dirección a la entrada del archivo, ornada con dos graciosos colosos
seudoegipcios, sabe a qué me refiero. De los jardines de l´Acadèmie, y
perdóneseme la digresión, ha dicho Alain de Boutourouille, Cronista oficial y
poeta: oh, vosotros, cerezos de los jardines de L´Acadèmie, cómo os amo! ¿Es
posible una mejor comunicación del privilegiado entorno donde llevé a cabo mi
pesquisitiva tarea? Tantas tardes de ésos tres otoños en que, casi a diario,
andaba mi camino hasta el archivo de manuscritos de l´Acadèmie. Atravesar el
jardín, llegar hasta la puerta-es de bronce verdoso-llamar con el llamador.
Aparece el ujier, el inefable Gastón, calvo, gordo y seco a la vez, con uniforme
parecido al de un embajador, digno en todo, noblemete servil, pues hay
servilismos que ennoblecen con sus grandes patillas. Los gestos que se
reconocen, las inclinaciones de cabeza. Dejar en sus manos el sombrero y el
gabán, se le sigue a través del hall neoclásico bañado en raudales de tenue
luminosidad, las dos grandes salas de lectura desiertas, le sigues tras la
primera esquina, un largo pasillo enmoquetado venerable. Al final, el ruido de
la llave, y se abre, se abre la puerta del archivo propiamente dicho.
Agradeces con un mundano gesto al ujier y éste se retira y cierra la
puerta tras de sí. La biblioteca de manuscritos. Los grandes ventanales,
bañando las estanterías de folios y más folios en carpetas o encuadernados.
Cubiertas de cuero granate, cuartillas rápidamente garrapateadas con pluma
estilográfica. ¡Ahí están todos los manuscritos de todos los Grandes de
l´Acadèmie!. Perdóneseme, perdóneseme la digresión y el entusiasmo.
Como dije, ya había compilado a varios de los grandes hombres conocidos,
cuando, tras un estante corredero, hallé lo que, en principio, creí eran
libretas de cuentas y gastos de la misma institución, sucesivos cuadernos azul
oscuro. Miré mejor: todo un largo estante aparecía repleto de montones de
cuadernos de aspecto semejante. Cuando hube evaluado, varios días más tarde, mi
descubrimiento-tal material no constaba en el catálogo-contabilicé el siguiente
lote: trescientos cuadernos de unas cien páginas cada uno, apilados, tres cajas
conteniendo quince mil folios de apretada letra, y tres rollos de diez metros,
de papel de envolver, escritos al modo de los libros antiguos. La obra de
Oswald Machurro como se especificaba en el primer cuaderno del lote que me cayó
en las manos. En éste, una hojilla estampillada en la elegante caligrafía de
Machurro, propia de un genio, como demostró Monsieur Carpentrás el año pasado
en su ensayo publicado por Güebóts: la palabra: catálogo. El primer cuaderno
era un catálogo razonado de su obra. No obstante, según he podido llegar a
concluír años después, no hay en su obra plan alguno, y su principal
característica es el fragmentarismo y la pluralidad de intereses y temas.
Enciclopedia azarosa, se leía en la primera página del cuaderno. La obra de un
genio olvidado.
Pero, ¿Era ésta toda la obra de Oswald Machurro? No podía responder a
ésa pregunta. No hallé más entre el babel de manuscritos. Revisarlos uno a uno,
desconfiando del catálogo del archivo, hubiera sido excesiva tarea para un
hombre solo. Encomendé la tarea al archivero oficial y a su equipo, que la
completó el siguiente semestre. Conclusión: no había nada má, había estado
trabajando en períodos de vacaciones-otoño-en mi tarea pesquisitoria, gracias a
las ayudas estatales, dedicando el resto del año a atender mi carnicería y a la
redacción de mis colaboraciones gastronómicas, que tal vez el curioso lector
conozca, que entonces apenas comenzaban. Gracias al apoyo del presidente de
l´Acadèmie, el jurista Jürgen Vogel, que me asignó una beca quinquenal
generosa, pude dedicarme, durante los siguientes años, a clasificar, estudiar,
comprender y preparar para la imprenta-surgió un proyecto de publicación de la
Opera Omnia de Oswald Machurro por De Gléss, a instancias de l´Académie-del
lote. Han sido años espléndidos, que ahora he de culminar presentando éste
primer volumen, cuyos textos he clasificado ateniéndome en lo posible a la
clasificación, incompleta,de Oswald Machurro. La obra de Machurro abarca el
Saber todo, por lo que he dividido su obra en los siguientes apartados: Teoría
teórica, Teoría práctica, Praxis teórica, Praxis práctica, Discursos,
Exhortaciones, Diarios y Sueltos. El núcleo del pensamiento de Machurro lo
constituye su ahora famosa teoría del ocasionalismo de las causas segundas y de
las causas cuartas, divulgada recientemente por el Dr Brochard en su artículo
en Cahiers de Patriotisme, en la que se revela el metafísico más genial de esta
provincia, cuya especulación le permite explicar los fenómenos metapsíquicos
conciliándolos con las más modernas teorías físicas sobre el éter y las ondas
eléctricas, dejando muy atrás los posteriores relativismos y matemáticas
no-euclidianas en aras de un heróico neoaristotelismo espiritualista (con gran
ventaja para la demostración puramente teológica de la existencia del alma y de
Dios, como axioma científico) Su doctrina está expuesta en su Obra Magna, cuyos
manuscritos originales se encontraron en forma de tres tambores de diez metros
de papel de estraza, enrollados. Y su periferia temática la constituye la
detallada anotación de sus casos como detective privado, durante cerca de
treinta años. Los cuadernos azules. Más externas son sus varias y plurales
monografías sobre patafísica, radiestesia, astrología, mineralogía, estética y
espiritismo, entre otras.
El caso más famoso, intitulado: un caso extraordinario, es el que
publicamos aquí, en la versión más completa. La especulación de Machurro es
atrevida y, si nos atenemos a su relato, éste constituye una prueba fehaciente
de los viajes en el tiempo. Un prestigio y una sabiduría como las de Oswald
Machurro debieran desarmar cualquier intento de dudar de sus afirmaciones,
cualquier intento crítico, pero no, han aparecido varias monografías, cuyos
redactores-me resisto a llamarlos autores-se han atrevido a poner en solfa el
genio especulativo de Oswald Machurro. Yo, señores, yo: me atrevo a decir ¡Una
experiencia de más de quince años me ha hecho comprender el valor irrefutable
de la obra de Machurro! Es por sí sola, una confirmación de las más atrevidas
teorías. Aquí hallan puerto las especulaciones más fantasiosas, despojadas de
toda ficción, aquí y sólo aquí se llega al más venturoso parto de verdades que
se ha visto desde los tiempos de Heribert Zolesque. Despejaré este Proemio de
toda polémica para sumirme en la contemplación alborozada del gozo que me causa
poder presentar, al fin, ante el Gran y Pequeño Público, éste primer volumen de
los escritos de Oswald Machurro.
Mas es forzoso, aunque mi modestia me lo, casi, impide, mencionar mi
obra de investigación y aportación, injustamente difamada por ciertos
escritorzuelos sin hálito. La investigación en los archivos de la revista
Anales de Lo Sublime, buscando autógrafos o manuscritos de Machurro, la
diligente búsqueda en las imprentas que funcionaban en la época, mi registro y
exploración de la casa donde Oswald Machurro vivió tantos años, las entrevistas
a sus familiares, compilar su documentación familiar y personal completa, su
correspondencia, y, en fin: el hallazgo del segundo lote de manuscritos-tres
mil cuartillas-entre el legado del Abate Extraordinaire, son todos méritos y
logros que pueden atribuírseme sin faltar a la verdad.
El pálido Machurro público se completa y vuelve a completar con nuevas
aportaciones: la trama se reconstituye. Se nos restituye al completo Oswald
Machurro, junto con su inseparable amigo y ayudante el Abate Extraordinaire, y
con ello se nos enriquece. Nos enriquecemos. La mente lúcida de Machurro brilla
en medio de la general mediocridad, y su rigurosa y elevada moral le hace una
extraña presencia entre los mortales; su instinto de investigación
dilettante-¡pero qué dilettante!-lo lleva a las intrigas más peligrosas y a los
problemas más abstrusos, nada se resiste a su desinteresada erudición,
sagacidad, penetración psicológica, lógica y moral. Un mundo, sí, todo un mundo
que se nos abre al acceder a sus escritos. Machurro en la guerra, heróico
soldado anónimo; Machurro joven juicioso, Machgurro humorista, Machurro
literato, Machurro polemista privado y público pero discreto; Machurro filósofo
atrevido, patafísico y parapsicólogo aficionado. Un Machurro Obra. Pero ¿Y el
hombre? ¿Y Machurro-hombre? Machurro, pleno, como se nos muestra en sus Diarios
¡Qué penetración, qué autoconocimiento, qué intelecto preclaro y qué psicología
magistral! Y sin perder jamás la Compostura y la Decencia. Y el Abate
Extraordinaire, cuyas Obras, mucho más reducidas, habían sido publicadas por
Tourtelet ya en 1911: el discípulo digno, el seguidor fiel, el, si me está
permitido decirlo, epicúreo irredento y sacerdote irreprochable, el escritor
sardónico y sagaz.
El problema de las interrelaciones y de las influencias queda sin
resolver, y no seré yo quien intente imponer resultados prematuros. Se requiere
un análisis crítico razonado de las dos Obras respectivas, de la
correspondencia. Así y sólo así podrá llegarse a resultados ciertos. He aquí
una obra de exégeta minucioso. Una de las tareas mayores de la crítica de
nuestro tiempo, que propongo desde este Proemio a quien quiera recoger el
guante y emprenderla. Rechazo, sí, rechazo firmemente, toda sugerencia o
insinuación de relaciones dudosas entre Oswald Machurro y su amigo el Abate
Extraordinaire ¡Es indigno de un verdadero intelectual bajar a la altura de
quienes propalan tales rumores! Baste decir que una personalidad esencialmente
sana como la de Machurro, no pudo nunca caer en el vicio, y menos aún, en ése
horrible pecado. Ante tales infundios sólo queda firmar y volver a firmar
propuestas para que la Decencia se restablezca para siempre y vuelva a
funcionar la guillotina. Dios lo quiera.
Pero antes de llegar al final de este brevísimo Proemio, quisiera hacer
patente-por si no quedase claro-que: Rechazo toda posibilidad de que los
escritos autobiográficos de Machurro, en la medida en que lo sean los relatos
de sus casos, sean ficciones, como han dicho algunos. Sostengo firmemente que
Machurro es el más grande metafísico de este siglo, de esta provincia. Sostengo
que la amistad entre Oswald Machurro y su fiel Extraordinaire fue limpia, sin
atisno alguno de inmoralidad, y sostengo que mi descubrimiento de la Obra de
Oswald Machurro es uno de los mayores eventos filosóficos y literarios de ésta
parte del siglo. Sólo agradecer a quienes me han ayudado que me hayan ayudado,
y reprochar a los que me han puesto trabas, que me hayan puesto trabas. Es
patente que desdeño tomar en cuenta a mis detractores ¡Y a los detractores de
Machurro! al presentar, en el primer volumen de los escritos de Machurro, el
caso más polémico de entre los suyos, por fin fijado en su definitiva versión,
y dos escritos autobiográficos: uno, primerizo ¡Pero nada en Machurro es
primerizo! del propio Machurro, y otro del Abate Extraordinaire, fragmentario
pero de gran valor. No me anima el espíritu de polémica, como he dicho y como
creo haber dejado bien sentado: es la sencilla razón del restablecimiento de la
Justicia. Y esto lo digo con la ironía respecto de todos los detractores
ociosos, de quien sabe y ha visto. Ya estoy por encima, intocable, Explicador
del Filósofo, cuya biografía completa y verídica preparo, navegando con mano
segura en el mar de las perfidias. Como ha dicho Alain de Boutourouille: Se
extravíen otros por caminos errados mas yo, por mucho que quisiera, destinado
estoy a lo alto, soy carne de lo alto, no caeré nunca en el barro
Comienza el Gran Ciclo Espill de la Vida Mundana, espejo de las
costumbres, de los motivos, de los actos, de los hechos y los dichos de las
gentes que vanamente se devanan los sesos y estremecen sus carnes en la
consecución de triunfos sórdidos, de espaldas a la Voluntad de Dios. Comienza
mi tarea ¡Ardua tarea!, de trazar letras y frases, de volver una y otra página
rellena de renglones que dicen, para mostrar, decir y demostrar las vanas
cuitas y las perfidias de la Vida Mundana, tan distinta de la verdadera vía de
contemplación, mansedumbre, caridad y paz de espíritu. Afánanse vanamente las
gentes, yendo y viniendo, haciendo, diciendo y deshaciendo, mientras que el
sabio, ideal de este anónimo pecador que escribe, alza sus ojos y contempla lo
Verdadero, piensa lo inefable por la Gracia, hila y retahíla lo que se muestra
en el silencio, alejado de los afanes, en el ser de las cosas. Porque son
verdaderamente oscuros los tiempos, y he aquí una profecía para el futuro:
volverá, al margen de la aceleración, a acumularse el saber, y uno lo transmitirá
a otro, y uno compendiará lo que recibió, y eso será Sabiduría, no expurgada,
desde luego, de los errores, pues ¿Quién sino Dios está libre de errores? y el
saber ficticio se consumirá en sus fantasmagorías, y volverá la obra de uno y
la veneración del que viene detrás, a compilar Sumas de Saber y alta Doctrina.
Porque es en verdad grande mi empeño y mi motivo, rescatar, fijar y
afincar las visiones, las historias, y las teorías, el Saber, y es en verdad
grande mi autoridad para hacerlo. Grande será, pues, mi obra, pero si fracaso,
otros, a buen seguro, recojerán el confalón, digna enseña del futuro, que
enarbolo hoy dura pero mansamente. Restaurar el barbecho del Saber. Y vuelvo a
preguntarme: ¿Será el basurero el fin de todo esto? y también: ¿Será el
manicomio mi morada en el futuro? ¡Quiá!. Si así es, a lo hecho, pecho; yo hice
cuanto pude, no habrá sido en vano. Reconozco el número de mis enemigos, pero
hay que comenzar. A cada palabra de sonoro hierro, muchas envidias y
malquerencias despertaré. Es la Voluntad de Dios. Pero mi doctrina, la que se
desprenderá del compendio de este Espill, y la que habré escrito en este
Espill, salvará al mundo, es la única capaz. Este mi retiro, es mi Castillo, mi
atalaya donde, avizor, no quito ojo de cuanto sucede, ya pueden alzarse cuanto
quieran los pisos sobre mi cabeza. Álcense, álcense, no me achican. Como los
antiguos profetas, mi autoridad es más del futuro que del presente. Futuras
generaciones comprenderán.
Danzan el rico y el pobre en apretado tropel, quieto y movible, danzan
la mujer y el hombre, danzan el niño y el viejo, el basurero, el policía, el
gamberro, el cristiano y el pagano, el terrorista, el muslime y el
rojo-de-barbas, el anarquista y el ama de casa, el choricero y el pescatero.
Danzan trabados el médico y sus víctimas, el asesino y el asesinado, el
obligado y el obligante, danzan Europa, Asia, Africa y Oceanía, danzan América
y los polos-y sus vestidos son suntuosos, mas no por ello se salvarán!. Danzan
Rusia y América, los malteses y los lituanos, los negricongos y los gitanos,
los quinquis y el que da el agua bendita, y danzan trabados con espantosos
esqueletos: esto es una profecía y una descripción objetiva. Es mi Sueño y mi
Pronóstico: lo que da el almanaque. Corren en tromba hacia la tumba fría, los
electrodomésticos se amontonan en pirámides altas como rascacielos y torres.
Todos van hacia la muerte, nadie detiene su carrera, así es y así será. Sólo el
sabio detiene la carrera, pero por poco tiempo, en el ejercicio sin tiempo de la
conciencia. Justa Fama y Fortuna a quien resuelva este enigma.

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