Como cuando nació
Abenámar, hubo grandes señales cuando el que después fue Shamush, lo echaron a
éste mundo. En el aduar donde acampaban sus contribeños, el clan Sasajo, la
Guardia Civil hizo una redada, deteniendo a todos los varones de su familia
mayores de quince años. En una cuneta, los sapos verdes ejecutaron por chulo al
Patriarca, de sesenta años que, no obstante: se llevó por delante a cinco de
los tricornudos beneméritos. Los otros gitanos fueron a presidio. Luego, en el aduar
Sasajo estalló una olla a presión (robada) al ponerla en el bello medio de una
hoguera, matando a seis gitanas. Y para acabar la fiesta, la noche siguiente,
la primera de nuestro héroe en el mundo, granizó y nevó. Era pleno mes de mayo.
Jerónimo Taslán
Focha era hijo de Andrés, hijo a su vez del Patriarca asesinado y valiente.
Tras todos estos acontecimientos que acompañaron a su nacimiento, pues ése día
fue el único nacido en el campamento caló, la madre (sexta esposa del hijo del
Patriarca) consultó a la sabia Tarántula, vieja de más de cien años y bruja, a
todas luces, dado su palmito, su saber y su tronío. Las palabras no se
recuerdan, sí el contenido. Las desgracias señalaban guerra y lucha en el
destino del recién nacido, las muertes, que debería muchas a la Justicia, y la
nieve, que llegaría a viejo limpiamente. Se miraban las mujeres. Cierto lunar
delataba aún otros presagios. En ése momento, el carromato se llenó de niño que
grita y dan ganas de matarlo p´a que calle. La vieja dijo entonces: Llamarlo
ustedes vozotros Shamusho, que en la hérga secreta de los brúhos hitanos,
quiere desir Caudisho, como er der Pardo.
Cuando las
Guerras del ayuntamiento contra el Chamorro, Juanjo Pistolones el Pistoleras,
había militado con una de las bandas caciquiles-choriceras de las que habían
luchado junto con Fachón, en el empeño de destruír al insigne-no lo diré nunca
lo suficiente-gitano. Como tal chorizo (es decir, macarra o
chorizo de 2ª Regional) había participado en algunas de las batallas que
marcaron ésa época.
Con su
jefe, El Estirao, había tomado parte en la famosa batalla nocturna de La
Rambleta, en los asaltos del Molinet y, finalmente: en aquella batalla,
nocturna también, en que se propusieron capturar al Chamorro en su misma
madriguera, para entregárselo, atado de pies y manos, al jefe Fachón.
La batalla se dio
en los purititos límites entre San Adrián y Badalona en Octubre de 1980, cuando
aún llevaba El Chamorro la iniciativa en la lucha. Todo fue por
un chivatazo. El Estirao había recibido la confidencia de que El Chamorro se
encontraba casi sin escolta en cierto piso de ésa zona. Un golpe de mano muy
fácil de dar, pues El Chamorro pensaba que lo Secreto de su Escondite era
protección más que suficiente. No
obstante la facilidad aparente, El Estirao reunió a todo su banda, que no era
de las más grandes, pues con el Chamorro no se podía estar del todo seguro.
Juanjo Pistolones
el Pistoleras se levantó en la oscuridad de su cama, que mugió de forma muy
notoria y, envuelto en las sombras, atravesó la habitación en dirección a la
puerta. Iba descalzo, bueno, con calcetines gruesos de lana, de ésos pasados de
moda que son como guantes y que cubren por separado cada dedo. Un hilillo de
luz se filtraba desde el pasillo por la rendija de la puerta iluminando
parcialmente una cómoda en la que se puso a hurgar. Abrió un cajón y extrajo un
machete asin de grande, muy afilado. Y con tal objeto en la mano derecha, se
llegó hasta la puerta, la abrió, y silenciosamente, salió al iluminado pasillo.
La habitación de la vieja era la 3ª puerta hacia la derecha a partir de la
habitación de la que el Pistoleras había salido.
Al abrir la
puerta y entrar en el cuarto, crujió la madera del suelo, en el umbral. La
vieja se revolvió entre las mantas, y vio al chorizo el blanco de los ojos,
reflejándose en ellos el resplandor del pasillo, mas no le dio tiempo a
chillar; el Pistoleras se echó sobre ella, la inmovilizó, la cogió por el
cuello, y sin poder la vieja hacer nada, le cortó el gañote en un momento.
Cuando estuvo seguro de que vieja era cadáver (o fiambre) el pistoleras la
soltó.
Estaba
satisfecho, pues había hecho un buen trabajo. Pero se malogró el efecto en un
momento, al aparecer una figura en el umbral, recortándose contra el rectángulo
iluminado de la puerta; proyectándose su sombra sobre el chorizo que, para
gratificarse el hígado, se servía un sorbo de licor de una botellita de
bolsillo.
Se quedó helao y
el ama de llaves de la vieja, que era quien había aparecido, hizo un amago de
gritar, pero nada más, tanto-para suerte otra vez del chorizo (o asesino) el
horror y el pasmo que le inspiraba el cuadro que tenía ante sus ojos. Se lanzó
otra vez el Pistoleras a la acción, la agarró y la tiró para dentro del oscuro
cuarto, cerrando la puerta acto seguido. En la oscuridad se oyeron unos bufidos
apagados, quejidos, y el parco ruido de un par de sillas de madera al caer.
Se abrió de nuevo
la puerta del cuarto. Y fue el chorizo quien salió. El ama de llaves de la
vieja fue hallada con cerca de una docena de puñaladas, a los pies de la cama
en la que yacía su semi-decapitada dueña. Cerró la
puerta el asesino desde la parte de fuera, dejando el macabro cuadro para ser
descubierto y contemplado al día siguiente.

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